|
HISTORIA
DE EL ESPÍN
"Llamado
a convertirse en un plazo de tiempo corto en la capital del
concejo"
Bernardo Acevedo y Huelves. 1900.
 |
|
El
Espín es en la actualidad cabeza de puente en
la margen izquierda de la ría del Navia. Decimos
que en la actualidad porque su núcleo primitivo
creció sobre la ladera que descansa a orillas
del río Meiro, comunicado con la vecina orilla
a través del servicio de barcas que funcionó
hasta 1868, año en que se inauguró el
puente de hierro sobre la ría. Este núcleo
primigenio se articulaba gracias a la vena comunicativa
que suponía el Camino Real. Esta antigua vía
de comunicación que conducía hacia Jarrio
puede aún hoy ser recorrida, salvando, eso sí,
el obstáculo que suponen (desde aproximadamente
1972) las vías del ferrocarril. |
Desde
el antiguo puesto de barcaje, que se situaría
en la zona de la fábrica de licores de El Espín
(frente a la antigua fábrica de harinas de Navia),
el Camino Real asciende una empinada calle que tuerce
a la izquierda al llegar a un hórreo centenario
para continuar subiendo hasta la Costa Rica, donde esta
vez el Camino Real toma el ramal de la derecha prosiguiendo
cuesta arriba hacia el barrio de Barqueiros y, ya finalizado
El Espín, llegar a la capilla de Santa Ana en
Jarrio. |
|
 |
Precisamente,
paralelo al río Meiro, en la parte baja de este primer
asentamiento, se desarrolló uno de los barrios que
hoy configuran la geografía de esta población:
El Ribeiro. Aquí aún se conservan algunos restos
del teleférico que se construyó para transportar
materiales a la obra de la presa de Grandas de Salime y fue
donde se asentó el primer astillero de la zona. Éste
fue fundado por Alejandro Fernández Presno hacia el
año 1845 y llegó a perdurar más tiempo
que el astillero que había fundado su hermano en Navia.
Desde entonces esta zona fue una de las más desarrolladas
y dinámicas de todo el valle del Navia hasta que desapareció
el último astillero de El Espín que había
puesto en marcha Modesto Garrote Unzueta en 1940 y que se
encontraba ya en la zona de El Pantalán. El Ribeiro
quedó separado del río Meiro por la carretera
abierta en 1915 entre El Espín y Grandas.
 |
|
Rescatar
más fotografías del pasado es posible
si tomamos ese antiguo Camino Real del que hemos hablado
y que nos lleva a otro de los barrios más conocidos
de El Espín: Barqueiros. Mientras subimos por
el camino podemos contemplar un viejo hórreo,
símbolo de la actividad agrícola sobre
la que nacieron los primeros sustentos de las gente
del Medievo (junto con la pesca), ruinas de casas ya
abandonadas y la imponente Costa Rica, erigida en 1928
por emigrantes que marcharon a América en busca
de un futuro mejor. |
El inmueble
conserva intacta la belleza y originalidad de las casas de
indianos y se une a otras construcciones de idéntica
índole que salpican la geografía de El Espín.
A partir de aquí nace Barqueiros, llamado así
pues en este barrio residían algunos de los barqueros
que cruzaban la ría portando consigo a las personas
cuando todavía no existía el puente.
A finales
del siglo XIX se abre la carretera de la costa y en torno
a ésta nacerá un nuevo núcleo residencial
e industrial con el que El Espín potenciaría
su presencia en el ámbito del occidente asturiano,
por aquel entonces como firme aspirante a convertirse en una
auténtica villa costera. La nueva vía de comunicación
sustituye así al antiguo Camino Real y abre un nuevo
camino hacia el desarrollo y el porvenir.
A lo largo de ésta nacen nuevas construcciones
que siguen el modelo característico del territorio
situado entre los ríos Navia y Porcía.
Se trata de casas en las que prima una de las fachadas
y que desde su naturaleza sincera, humilde pero orgullosa
pretenden mostrar su rostro a los nuevos visitantes
que augura la reciente carretera. La mayoría
presentan planta rectangular y se cubren con tejados
a doble vertiente aunque con pequeñas alas recortadas.
Las casas pierden ahora en su mayoría la doble
función de vivienda y lugar para el desarrollo
de las actividades agropecuarias. |
|
 |
Es
la época de los ensanches, del eclecticismo, historicismo
y pronto del racionalismo y el afán por un progreso
de la higiene en todos los aspectos de la vida, incluido el
lugar de residencia, contagia a las emergentes villas costeras.
Las funciones comienzan a independizarse en distintos ámbitos
de la propiedad apartándose, por ejemplo, la cuadra
del ámbito residencial y sustituyéndose el espacio
que ésta ocupaba por un comedor. Así, en 1905,
el 12,5% de las casas en El Espín presentan este nuevo
espacio surgido de las novedosas concepciones distributivas
en el hogar.
Fue
en este periodo de entre siglos cuando El Espín disfrutó
de un progreso todavía hoy palpable y que se vio anulado
en parte por la concesión de la capitalidad al núcleo
de Coaña. Durante el siglo XIX se había fabricado
duela; en 1870 surgieron unos hornos de fundición de
hierro y desde 1918 se producía carbón vegetal
en la fábrica ubicada, como los citados hornos, sobre
el solar donde en 1947 se erigiría el Teleférico.
La construcción de grandes navíos estaba en
pleno auge con los astilleros presentes en su margen y de
las pequeñas embarcaciones se ocupaban los carpinteros
de ribera. Y no sólo se construían barcos sino
que se recibían naves con gran cantidad de cargamento:
aguardiente, azúcar, papel, aceite, maíz...
Testimonio de toda esta prosperidad finisecular lo supone
el hecho de que hacia 1900 existieran en El Espín dos
tabernas, al menos cuatro comercios y dos carnicerías
y el dato estadístico que establece que entre 1887
y 1920 El Espín creció un 60%.
Aunque ese
ingente desarrollo se vio subyugado en cierta medida por factores
como la competencia ejercida por la villa de Navia (que lentamente
fue acaparando funciones económicas e industriales
antes en posesión de El Espín por su mejor ubicación
geográfica) a partir de la década de los años
veinte se produce un nuevo resurgir de las distintas actividades.
 |
|
Quizás el ejemplo más significativo lo
suponga la construcción entre 1920-1924 de las
naves de Modesto Garrote Unzueta (destinadas a la función
de talleres mecánicos) y la presencia frente
a su casa, erigida entre 1925-1929, de un pequeño
surtidor de gasolina. Evidentemente esta nueva industria
surge alentada por la necesaria presencia de la carretera
general y en 1945 se reforzará con la inauguración
de la hermosa tienda (iniciada en 1940 y proyectada
por el arquitecto asturiano Ignacio Álvarez Castelao)
que aún hoy sigue en funcionamiento. |
Por esas
mismas fechas, entre 1947 y 1953, la construcción de
la presa de Grandas de Salime, que necesitará de un
faraónico teleférico que partirá desde
El Pantalán fomentará aún más
el espejismo de un nuevo resurgir.
Hoy en día
a uno y otro lado de la calzada se ubican talleres mecánicos
como los ya clausurados Talleres Freitas o los aún
activos de Garrote (hijo de Modesto Garrote Unzueta), una
sierra (ya derruida para la edificación de un edificio
de viviendas), farmacia, el Ambulatorio de Coaña, Casa
Falo (antiguamente Mesón Jacinto), parada de autobuses,
empresas que fabrican y decoran toldos, pastelería,
peluquería y seguramente la mejor colección
de máquinas de coser del mundo (del que fue sastre
en activo durante muchos años Faustino González).
Esta zona nacida a finales del siglo XIX, la más urbana
por excelencia, comparte sus márgenes con Gran Sol.
|