Siglo XIX
Antes de que existiera el puente que une ambas márgenes del río varias barcas situadas tanto en la orilla de El Espín como en la de Navia transportaban a la población de una orilla a la otra. Las barcas del lado de El Espín pertenecían en parte al Marqués de Santa Cruz y a otros señores que por su servicio cobraban en especies a los habitantes de los pueblos interesados.
En documentos del lejano año de 1843 se especifican algunos datos y hechos, cuando menos curiosos: “Primeramente por cada persona que pase de un lado a otro, 4 maravedís; por cada caballería sin carga 12 maravedís y con ella 16 incluso el dueño. (…) Es obligación de los barqueros que tan pronto como se reúnan en su barca tres personas a no ser que se hallen a la vista otras que quisieran embarcar, las han de pasar inmediatamente y aunque sea una sola en manera alguna la han de detener más de un cuarto de hora, (…), y para evitar esta responsabilidad” [una multa al barquero] “será obligación suya el tener algún barco en ambas orillas a no ser que suceda que todos a un tiempo estén navegando u ocupados en el transporte de gente u otra cosa bajo igual pena, pues que los deseos del ayuntamiento son que a todas horas del día ha de haber barca tanto en la playa de Navia como en la de El Espín”. (…) También será obligación de los barqueros no pasar persona alguna desconocida por la noche sin exigirle el conducente pasaporte (…).
