Regatas de chalanos: una tradición del siglo pasado

Según hemos podido conocer a través de fuentes escritas y en conversaciones con los mayores del pueblo las competiciones de remo disputadas en la ría atraían a una gran multitud de personas que llenaban ambas orillas y los puentes sobre la corriente.

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La expectación era similar a la que genera el descenso a nado de la ría y, en su tiempo, la motonáutica. Los vecinos de un lado de la ría se situaban en uno de los laterales del puente mientras que sus vecinos, y por un día rivales cercanos, se ubicaban en la acera vecina. Parece ser que no faltaba la tensión verbal entre ambas orillas a pesar de lo cual la competición se asumía como un día de celebración durante las Fiestas de Navia. La fecha de las regatas, según las fuentes consultadas, era el 16 de agosto, día de San Roque. La inscripción comenzó siendo gratuita y ello posibilitó la dilatada presencia de esta tradición en la historia de la ría que se remonta a los primeros años del siglo XX y no concluye hasta la década de los sesenta.

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En esta competición no sólo participaban los remeros de ambas orillas de la ría (aunque la sana rivalidad entre los dos contendientes era la principal atracción) sino que, además de El Espín y Navia, a menudo competían embarcaciones procedentes de otros núcleos costeros. Incluso se daba la contingencia de concurrir dos embarcaciones del mismo pueblo, tal y como sucedió con El Espín.

Era tal la ambición por vencer que ante la habitual superioridad de los remeros de El Espín, que copaban frecuentemente el escalón más alto del podio, el resto de participantes argüían como causa de su derrota unas hipotéticas trampas nunca demostradas que según ellos cometerían los remeros espinetes; los mayores hablan del supuesto menor peso de la embarcación de El Espín (uno de los botes míticos fue el Lolita) como argumento que alguna vez emplearon los de la orilla vecina.

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Rivalidades al margen lo cierto es que todas las fuentes coinciden en señalar la enorme importancia que estas competiciones tenían, sobre todo para los vecinos de los pueblos implicados. Según algunos de nuestros mayores, en El Espín era tal la confianza en su tripulación y tanta la alegría con la que se recibían los triunfos que no se escatimaban gastos en los preparativos de la fiesta. De hecho, se compraba mucha de la sidra, cerveza y vino existentes en el antiguo mesón de Jacinto (hoy Casa Falo) y se disponía para la celebración en las inmediaciones del puente, bajo éste y a lo largo de la orilla izquierda del Navia.